El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¡La falta de costumbre, mi pobre sargento…! Y ¿piensas eso? Hace un mes que hemos abandonado Francia, y me has tuteado durante toda la travesÃa de Saint-Nazaire a Caracas.
—¡Es verdad! —respondió el sargento Marcial.
—Y ahora que hemos llegado a BolÃvar, es decir, al punto en que comienza el viaje que nos reserva tanta alegrÃa… y tal vez tantas decepciones…, tantos dolores…
Juan habÃa pronunciado estas palabras con emoción profunda.
Agitábase su pecho, y sus ojos se humedecÃan. Sin embargo, se dominó viendo el sentimiento de inquietud que se reflejaba en el rudo semblante del sargento Marcial, y sonriendo añadió con tono cariñoso:
—SÃ, ahora que estamos en BolÃvar te olvidas de que eres mi tÃo, de que soy tu sobrino.
—¡Qué estúpido es lo que hago! —respondió Marcial, dándose un fuerte palmetazo en la frente.
—No… pero no te turbes…, y en lugar de ser tú el que me vigile, será preciso que yo… Vamos, mi buen Marcial, ¿no es costumbre que un sobrino sea tuteado por su tÃo…?
—Asà es…
—Además, ¿no te he dado yo el ejemplo desde que embarcamos?