El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Después cerráronse sus ojos, no sin que antes hubieran dirigido una mirada de agradecimiento al que acababa de desafiar a la muerte por su causa.
A algunos metros a la izquierda aparecían las primeras casas de San Fernando, y era preciso ir allí sin dilación.
Jacques Helloch disponíase, pues, a volver a tomar en sus brazos al joven cuando el sargento Marcial le dijo:
—Si yo no sé nadar…, sé andar al menos, caballero; y no me faltarán fuerzas para llevar a mi hijo.
Fueron todas las palabras de agradecimiento que dirigió al joven. Tomó a Juan en sus brazos y, acompañado de Miguel y de los dos colegas de éste, de Jacques Helloch y de Germán Paterne, el sargento Marcial echó a andar por el sendero que conducía al pueblo.