El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Miguel, Felipe y Vitrinas encontraron domicilio en casa del gobernador. Este alto personaje tuvo a honra albergar a los tres notables de Ciudad-Bolívar. Probable era, pues, que la mansión de Su Excelencia se llenase con los estallidos de una discusión que la hiciera casi inhabitable. Sin embargo, Miguel y sus colegas aún no habían llegado a eso. Antes de discutir, si se quiere que la discusión sea constructiva, conviene haberse formado serios razonamientos y haber observado y sopesado el pro y el contra de los argumentos. La cuestión exigía, pues, minucioso examen de la desembocadura de los tres ríos, largas estancias en los confluentes del Atabapo y del Guaviare; tal vez un reconocimiento efectivo de su curso en una extensión de algunos kilómetros. En el momento actual, los tres geógrafos tenían que reposar de las fatigas de un viaje de más de seis semanas sobre el curso del Bajo y Medio Orinoco.
El sargento Marcial y Juan de Kermor se ocuparon en buscar un hotel conveniente, no lejos del puerto, a ser posible, en espera de que nuevos informes les permitieran organizar sus pesquisas en tal o cual dirección.
En cuanto a Jacques Helloch y a Germán Paterne, prefirieron permanecer a bordo de su piragua. Acostumbrados a aquella habitación flotante, se encontraban mejor instalados en ella que en otra parte.