El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Por su parte, Jacques Helloch practicó algunas pesquisas que resultaron inútiles. Y entonces, volviendo a bordo de la Moriche, se abandonaba a una tristeza que comenzaba a asustar a Germán Paterne. Su amigo, tan locuaz de costumbre, de humor tan igual, tan comunicativo, apenas respondÃa a sus preguntas.
—¿Qué te sucede? —le preguntaba Germán.
—Nada.
—Nada. ¡Esto quiere decir todo algunas veces! Ciertamente, la situación de ese pobre mozo es digna de lástima; pero eso no debe hacerte olvidar tu comisión…
—¡Mi comisión…!
—Me parece… No creo que el ministro de Instrucción Pública te haya enviado al Orinoco en busca del coronel De Kermor…
—¿Y por qué no?
—Vamos… Jacques… Hablemos con seriedad. Bastante suerte has tenido con salvar al hijo del coronel.
—¡El hijo! —exclamó Jacques Helloch. ¡Ah! ¡El hijo! Y bien, Germán… Tal vez…, o mejor fuera que Juan hubiera perecido si no ha de encontrar a su padre…
—No te comprendo, Jacques…
—Porque son cosas de las que nada entiendes…, de las que nada puedes entender…
—¡Gracias!