El soberbio Orinoco

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Y Germán Paterne tomó el partido de no interrogar más a su compañero, preguntándose qué había en el fondo de aquel afecto creciente por el joven.

Al día siguiente, cuando Juan llegó con el sargento Marcial a casa de Mirabal, éste, en compañía de Jacques Helloch, se disponía a visitarle.

De las pesquisas practicadas entre los habitantes de San Fernando, resultaba que, doce años antes, un extranjero había, efectivamente, permanecido algún tiempo en el pueblo. Este extranjero, ¿era francés? Nadie podía decirlo, y parecía, además, tener razones particulares para guardar el más profundo incógnito.

Juan creyó ver iluminada por un rayo de luz la oscuridad de aquel asunto misterioso. Débase o no prestar fe a los presentimientos, él pensó que el extranjero era su padre… Debía ser su padre.

—Y cuando el viajero abandonó a San Fernando, señor Mirabal —preguntó—, ¿hacia qué parte se dirigió?

—Sí, hijo mío. Iba hacia las regiones del Alto Orinoco.

—Y después, ¿hubo más noticias?

—Se ignora lo que fue de él.

—Se sabrá tal vez —dijo Jacques Helloch— practicando pesquisas en esa parte del río.


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