El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco ESCALA DE DOS DÍAS EN DANACO
Hacía cuarenta y ocho horas que ya se dibujaba en el horizonte Este la cima de una montaña, que los dos patrones, Valdez y Parchal, decían ser el monte Yapacana. Añadían que esta montaña estaba encantada, y que todos los años, en febrero y marzo, los espíritus encienden en su cúspide una gran hoguera, cuyo reflejo se extiende por toda la comarca, elevándose hasta el cielo.
Las piraguas llegaron en la tarde del 11 de octubre al sitio en que el monte se muestra en sus verdaderas dimensiones; cuatro kilómetros de extensión, anchura de kilómetro y medio, y altura de 1200 metros.
Durante los tres días que habían seguido a su partida de Carida, la navegación de las falcas, impulsadas por brisa constante, se había efectuado rápidamente y sin obstáculos. Se había pasado la isla Lima, remontando el río en las riberas, bordeadas de espesas palmeras, sin más dificultad que las de atravesar un pequeño raudal, llamado «Travesía del Diablo».
El cerro de Yapacana ocupa la planicie que se desenvuelve a la derecha del Orinoco. Como indica Chaffanjon, presenta la forma de un enorme sarcófago.
—Y ¿por qué —dijo Germán Paterne— no ha de albergar devas, dríadas, trolls, elfos y otros espíritus de origen mitológico?

