El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Frente al cerro, la ribera izquierda, más allá de la isla Mavilla, estaba ocupada por la casa del delegado venezolano. Era éste un mestizo, llamado Manuel Asunción, que vivía allí con su mujer, mestiza también; y varios niños. En total, una interesante familia.
Cuando las falcas se detuvieron ante Danaco ya era de noche, pues la navegación se había retrasado por una avería sobrevenida a la Gallinetta. A pesar de toda su habilidad, Valdez no pudo impedir que la piragua, cogida en un remolino, chocase con una arista de la roca. Como consecuencia del choque abrióse en la piragua un agujero de poca importancia, puesto que pudo ser tapado con algunos puñados de hierbas secas. Pero teniendo en cuenta la continuación del viaje, preciso era que la avería fuera sólidamente reparada, y en Danaco lo sería.
Los pasajeros permanecieron toda la noche al pie de la orilla, en la costa meridional de la isla Mavilla, sin que el delegado hubiera sido avisado de su llegada.
Al siguiente día, al alba, las piraguas atravesaron el brazo del río y fueron a amarrar a una especie de puente, destinado a la carga y descarga de las embarcaciones.
Danaco era entonces un pueblo, no un simple rancho, como el viajero francés ha anotado en su relación.