El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco El sargento Marcial, a pesar de sus cincuenta años, se mantenÃa derecho y vigoroso. Endurecido, templado por el oficio de soldado, y seguro de que ni el frÃo ni el calor le harán mella, ni se abrasarÃa en el Senegal, ni se helarÃa en Rusia. Su constitución es sólida, su valor a toda prueba. No tiene miedo de nada ni de nadie, sino es a sà mismo, porque desconfÃa de su primer movimiento. Alto, delgado, sus miembros no han perdido nada de su fuerza, y a la edad que cuenta conserva toda su tiesura militar… Es un gruñón…; bien, pero ¡qué buen natural, qué excelente corazón, y qué no harÃa por aquéllos a quienes ama! Por lo demás, parece que éstos se reducen a dos en este bajo mundo; el coronel De Kermor y Juan, del que ha consentido en convertirse en tÃo.
AsÃ, ¡con qué minuciosa solicitud vigila sobre el joven! ¡De cuántos cuidados le rodea, por más que se haya decidido que se mostrarÃa severo con él! Porque esta dureza, este papel, que le repugnaba, no era preciso pedÃrselo tratándose de otros. ¡Qué miradas más feroces se hubieran recibido! ¡Qué respuesta malsonante! ¡Con qué gracia hubiera enviado a paseo a cualquiera que se acercara a Juan!