El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Volvieron a la casa a la hora del almuerzo, al que hicieron los honores con gran apetito. Los dos hijos de Manuel habían organizado una partida de caza en el vecino bosque, y la caza, preparada por su madre, era excelente. Excelente también el pescado, que dos peones habían cogido o asaetado aquella misma mañana en las orillas del Orinoco. Excelentes las frutas y legumbres del rancho, entre otras las avellanas, que aquel año se daban con profusión.
Haber asistido a los comienzos de la recolección del caucho, haber visto practicar las incisiones, no bastaba para satisfacer la curiosidad de Germán Paterne, y suplicó a Manuel le indicase la manera cómo se terminaba la operación.
—Si estuviera usted algunos días en Danaco —respondió el delegado— podría usted, en primer lugar, observar que durante las primeras horas después de la incisión la goma corre con cierta lentitud. Así es que se pasa una semana antes que los árboles hayan agotado su savia.
—¿De modo que en sólo ocho días habrá recogido usted toda esa goma?