El soberbio Orinoco

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—No, señor Paterne. Todas las noches cada uno de los gomeros traerá el producto del día, y después se procederá sin tardanza al ahumado, necesario para obtener la coagulación de la goma. Después de extender el líquido sobre una plancha, se le expone el humo muy espeso de leña verde. Entonces se forma una primera y dura corteza, a la que se sobrepone una segunda, fabricándose de este modo una especie de pan de caucho, que se encuentra en condiciones de ser entregado al comercio, y la operación queda terminada.

—Y antes de la llegada de nuestro compatriota Truchon —preguntó Jacques Helloch—, ¿los indios no sabían nada de esto?

—Nada o casi nada —respondió el delegado—. Ni aun sospechaban el valor de este producto. Así es que nadie preveía la importancia comercial e industrial que pudiera tener en el porvenir. El francés Truchon, después de haberse instalado primero en San Fernando, y en Esmeralda después, reveló a los indios los procedimientos de esta explotación, la más considerable tal vez de esta parte de América.

—Entonces, ¡viva el señor Truchon y el país en que vio la luz primera! —exclamó, o, más bien, canturreó Germán Paterne.

Y bebió con entusiasmo, primero a la salud de Truchon, y después a la de Francia.


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