El soberbio Orinoco

El soberbio Orinoco

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No hay que decir que, sin ser muy voluminosas las maletas del tío y del sobrino, contenían ropas diversas, utensilios de tocador, calzado, todo, en fin, lo que demandaba semejante viaje, la previsión de la dificultad de renovarlo en el camino. Llevaban también mantas de cama y armas y municiones en suficiente cantidad; un par de pistolas para el joven, y otro par para el sargento, sin contar una escopeta de la que este último, excelente tirador, se prometía hacer buen uso cuando se presentase la ocasión.

¿Ocasión? ¿Son, pues, grandes los peligros a través de los territorios del Orinoco, y conviene estar siempre a la defensiva, como en los países del África Central? ¿Acaso las riberas del río y sus contornos están infestados de cuadrillas de indios asesinos y antropófagos?

Sí y no.

Como puede deducirse de la conversación de Miguel, Felipe y Varinas, el Bajo Orinoco de Ciudad-Bolívar, en la desembocadura del Apure, no presentaba peligro alguno. La parte media entre esta desembocadura y San Francisco de Atabapo exigía ciertas precauciones sobre todo en lo concerniente a los indios quivas. Respecto al curso superior es menos que seguro pues las tribus que lo frecuentan viven en estado salvaje.


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