El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —SÃ, Alfaniz.
—Y bien… Tiene usted razón… No se trata de un nombre supuesto… Es el verdadero de este miserable.
—¿Conoce usted a Alfaniz? —preguntó vivamente Jacques Helloch, muy sorprendido de la declaración de Marcial.
—¡Si le conozco…! Habla…, Juan… habla… Refiere la causa de que le conozcamos… Yo me embrollarÃa con mi mal español, y el señor Manuel no me comprenderÃa.
Juan refirió entonces la historia que el sargento Marcial le habÃa contado tantas veces, cuando, en su casa de Chantenay, ambos hablaban del coronel De Kermor.
En 1871, un poco antes de terminar la desastrosa guerra, cuando él mandaba uno de los regimientos de infanterÃa, tuvo ocasión de intervenir, como testigo, en un doble asunto de robo y de traición.
El ladrón era el español Alfaniz. El traidor, operando por cuenta de los prusianos y haciendo en su provecho el espionaje, cometÃa robos, convenido con un desdichado soldado de Administración que para escapar al castigo se vio en la necesidad de suicidarse.