El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco En suma; todo lo que pudo saber la Administración fue que el forzado se había puesto a la cabeza de la cuadrilla de aquellos quivas que, arrojados de Colombia, se habían trasladado a la ribera derecha del Orinoco. Privados de su jefe por la muerte de Meta Sarrapia, estos indios, los más temibles de todos los indígenas, se pusieron bajo las órdenes de Alfaniz. En realidad, a su cuadrilla debían ser atribuidos los pillajes y matanzas de que las provincias meridionales de la República habían sido teatro desde hacía un año.
Así, la fatalidad quería que aquel Alfaniz frecuentase precisamente los territorios a los que iban Juan de Kermor y el sargento Marcial en busca del coronel. No había duda de que, si su acusador caía en sus manos, el presidiario no tendría compasión para él. Ésta fue una nueva zozobra añadida a las muchas que oprimían el espíritu de la joven, que no pudo contener sus lágrimas al pensar que el miserable encerrado en el presidio de Cayena, y que aborrecía mortalmente a su padre, se hubiera escapado del presidio.
Jacques Helloch y Manuel, no obstante, procuraron tranquilizarla. ¿Qué motivo había para suponer que Alfaniz hubiera descubierto el sitio a que se había retirado el coronel De Kermor, sitio que hasta el presente no había podido ser descubierto pese a las pesquisas practicadas? ¡No…! No había por qué temer que el coronel hubiera caído en manos del miserable bandido.