El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco MIGUEL Y SUS DOS COLEGAS
—Verdaderamente, no hay motivo para que esta discusión no termine —dijo Miguel, que procuraba interponerse entre los dos ardientes contrarios.
—Pues bien, no acabará —respondió Felipe—, al menos por el sacrificio de mi opinión a la de Varinas.
—Ni por el abandono de mis ideas en provecho de Felipe —replicó Varinas.
Desde hacía tres horas, los dos testarudos sabios disputaban, sin ceder un ápice, sobre la cuestión del Orinoco. Este célebre río del Sur de América, principal arteria de Venezuela, ¿se dirigía en su curso superior de Este a Oeste, como los mapas más recientes indicaban, o venía del Suroeste, y en este caso, el Guaviare o el Atabapo no debían ser considerados como afluentes?
—Es el Atabapo el que es el Orinoco —afirmaba enérgicamente Felipe.
—Es el Atabapo —afirmaba enérgicamente Felipe.
—Es el Guaviare —afirmaba con no menos energía Varinas.
