El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Porque si la misión está situada, como hemos sabido en San Fernando y como nos ha confirmado Manuel, sobre el rÃo Torrida, en el Nordeste de nuestro campamento, mejor es procurar ir a ella directamente, sin alargar el camino pasando por la sierra Parima.
—Efectivamente —respondió Juan—. Creo inútil imponemos las fatigas de esa vuelta, y es preferible ir en lÃnea recta a la misión de Santa Juana.
—¿Cómo? —preguntó el sargento Marcial.
—Como lo hubiéramos hecho una vez llegados a sierra Parima.
—¿A pie?
—A pie —respondió Jacques Helloch—. Sobre esos desiertos territorios no hay un lugar ni un rancho donde pudiéramos procuramos caballos.
—¿Y nuestro equipaje? —preguntó Germán Paterne—. Será preciso dejarlo a bordo de las piraguas.
—Tal lo creo —respondió Jacques Helloch—, y esto será un inconveniente grande. ¿Cómo llevar con nosotros cofres de tal tamaño?
—¡Hum! —murmuró Germán Paterne, que pensaba en sus colecciones de naturalista más que en sus camisas y en sus calcetines.
—Además —dijo Juan—, ¡quién sabe si nuestras ulteriores pesquisas nos llevarán más allá de Santa Juana!