El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Pero esa dificultad —dijo Juan— se hubiera presentado dentro de algunos dÃas. Admitiendo que hubiéramos conseguido llegar a las mismas bocas del rÃo con nuestras piraguas, preciso hubiera sido desembarcar al pie de la sierra Parima. Desde allà a la misión, puesto que Santa Juana no está en comunicación con el Orinoco por un afluente navegable, siempre hemos pensado que las últimas jornadas se harÃan a través de la sabana…
—Mi querido Juan —respondió Jacques Helloch—, tiene usted razón, y más tarde o más temprano, mañana, si no hoy, hubiéramos tenido que abandonar las falcas. Verdad que haber adelantado unos sesenta kilómetros más al Este, navegación fácil durante la estación lluviosa, nos hubiera evitado fatigas…, que yo temo por usted, sobre todo.
—He recobrado por completo las fuerzas, señor Helloch —afirmó Juan—. Estoy en disposición de partir hoy mismo…, y no me quedaré atrás.
—Bien dicho —exclamó Germán Paterne—. Pero concluyamos; ¿puedes decimos, Jacques, a qué distancia estamos aún de las fuentes del rÃo y de la misión?
—He calculado las distancias sobre el mapa —respondió Jacques Helloch—. Para llegar a Parima deben de faltamos unos cincuenta kilómetros. Pero no creo que el verdadero camino sea subir hasta las fuentes.
—¿Y por qué? —preguntó el sargento Marcial.