El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco De ser asÃ, ahora que las piraguas no podÃan navegar, los viajeros, obligados a aventurarse por aquellos espesos bosques para llegar a Santa Juana, estarÃan expuestos a los peligros de una agresión, que por su inferioridad numérica serÃa difÃcil de rechazar.
Tales eran los serios temores que asaltaban a Jacques Helloch.
Pero a nadie se los habÃa comunicado. Solamente habÃa dicho algunas palabras a Valdez, que participaba de sus sospechas respecto al español.
Asà es que, después de la pregunta precisa hecha por el sargento Marcial sobre la inexplicable desaparición de Jorrés, quiso llevar la conversación por diferente rumbo y en sentido más práctico.
—Dejemos a Jorrés —dijo—. Puede que vuelva, y puede que no… Lo que importa es ocuparnos de nuestra situación actual y de los medios de conseguir nuestro objeto. Nos encontramos en la imposibilidad de continuar el viaje por el Orinoco. Circunstancia enfadosa, lo reconozco.