El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Durante los últimos días, la idea de que Jorrés podía justificar las sospechas que le inspiraba, había hecho progresos en la mente de Jacques Helloch. No había hablado de ello por no inquietar a sus compañeros. Así es que era el menos sorprendido por la partida de Jorrés, y esta partida le inspiraba graves temores.
En esta disposición de espíritu se preguntaba si no formaría Jorrés parte de los evadidos de Cayena, mandados por Alfaniz, español come él. Si así era, ¿qué hacía Jorrés en San Fernando cuando le encontraron? ¿Por qué se hallaba en este pueblo…? Lo cierto era que se hallaba allí, y que, sabedor de que los pasajeros de las piraguas se proponían ir a Santa Juana, había ofrecido sus servicios al patrón de la Gallinetta.
Y Jacques Helloch, desde que sus sospechas habían tomado cuerpo como consecuencia de la desaparición de Jorrés, se hacía el siguiente razonamiento:
Si Jorrés no pertenecía a la cuadrilla de Alfaniz; si no estaba animado de perversas intenciones, si su proyecto era ir a la misión, ¿por qué acababa de abandonar a sus compañeros antes del término del viaje?
Había partido cuando todo indicaba que debía permanecer con ellos. ¿Quién sabía si, advertido secretamente de que los quivas y su jefe recorrían los alrededores, no había aprovechado la noche para unirse a ellos?