El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Ninguno —respondieron Parchal y Valdez.
—Ninguno…, a excepción, tal vez, de Jorrés —hizo observar Germán Paterne…—; pero ese español se ha marchado. Sospecho que éste no es su primer paseo a través de estos territorios, aunque haya sostenido lo contrario.
—¿Adónde ha podido ir? —preguntó el sargento Marcial.
—Adonde, sin duda, es esperado —respondió Jacques Helloch.
—¿Esperado…?
—SÃ… Y, lo confieso; desde hace algún tiempo, ese Jorrés me parecÃa bastante sospechoso.
—Como a mà —añadió Valdez—. Cuando yo le pregunté el motivo de su ausencia durante toda una noche en el rÃo Mavaca, él me respondió… sin responderme…
—Sin embargo —dijo Juan—, cuando se embarcó en San Fernando, su intención era ir a la misión de Santa Juana.
—Y tampoco hay duda de que conozca al padre Esperante —añadió Germán Paterne.
—Cierto —dijo el sargento Marcial—; pero eso no explica por qué ha desaparecido precisamente cuando solamente nos hallamos a algunas jornadas de la misión.