El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco En las bocas del Apure, o mejor dicho, algunas millas más abajo, en el pueblo de Caicara, los viajeros que debían continuar su viaje sobre el Orinoco abandonarían el Simón Bolívar para confiarse a las rudimentarias embarcaciones indias.
El mencionado steam-boat estaba construido para navegar sobre estos ríos, cuyo cauce varía en proporciones considerables desde la estación seca a la estación lluviosa. De modelo semejante al de los paquebotes de la Magdalena de Colombia, hacía tan poca agua como es posible por tener planos sus fondos. Como único propulsor poseía una enorme rueda sin tambor, colocada a popa, y que se movía bajo la acción, bastante poderosa, de una máquina de doble efecto. Figurémonos una especie de jangada coronada de una superestructura, en la que se elevaban las dos chimeneas de las calderas, y terminada por un spardek, donde estaban los salones y camarotes reservados a los pasajeros. El puente inferior servía para apilar las mercancías, y recordaba el de los steam-boats americanos. Todo el barco estaba pintado de colores vivos, hasta el puesto del piloto y del capitán, colocado en el último piso, bajo los pliegues del pabellón de la República. En cuanto a los aparatos de vapor, las calderas devoran los bosques de la ribera, y se notan ya interminables podas, practicadas por las hachas de los leñadores.