El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Una sombra de duda cruzó por la frente de Jacques Helloch. ¡PresentÃa tantas dificultades y temÃa tantos obstáculos antes de conseguir el objeto del viaje! Además, ¿se obtendrÃan en Santa Juana informes precisos que permitieran lanzarse, con probabilidades de éxito, sobre las huellas del coronel De Kermor?
Sin embargo, guardóse mucho de desanimar a sus compatriotas. Las circunstancias le habÃan hecho aceptar el ir hasta el fin de aquella campaña y ante ningún peligro retrocederÃa. Convertido en jefe de aquella expedición, cuyo éxito tal vez estaba aún muy distante, tenÃa el deber de dirigirla, y nada descuidarÃa para cumplir este deber.
La partida quedó dispuesta para el siguiente dÃa, y se dedicaron a la elección de los objetos que requerÃa una caminata de tres o cuatro jornadas a través de los bosques de la sierra.
Valdez propuso, y fue aceptado, que él y dos de sus hombres acompañaran a los viajeros hasta la misión. Parchal y los diez y seis restantes permanecerÃan en el campamento al cuidado de las piraguas. ¡Quién sabÃa si pasarÃan varios meses antes de que Jacques Helloch y sus compañeros pudieran reunirse a ellos! Entonces, como habrÃa terminado la estación seca, serÃa posible la navegación. Por lo demás, cuando se tratara del regreso serÃa tiempo de avisar.