El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Lo que debía dar motivo de disgusto era que aquella región del Alto Orinoco estuviera completamente desierta.
¿Qué ventaja se hubiera sacado de encontrar en aquel sitio a algunas familias indígenas?
Ellas, seguramente, hubieran suministrado preciosos informes sobre el camino que se debía seguir, sobre la misión de Santa Juana y sobre su situación exacta en el Nordeste del río.
Igualmente, Jacques Helloch se hubiera informado de si la cuadrilla de quivas de Alfaniz había aparecido en los alrededores de la ribera derecha; pues si Jorrés había conseguido reunirse a ella, es que debía recorrer tales sitios.
Además, sin duda hubiera habido facilidad de encontrar un indio que les guiara, a fin de franquear los espesos bosques, donde no había más que algunos senderos, debidos al paso de las fieras o de los indígenas.
Y como Jacques Helloch expresase ante Valdez su deseo de encontrar algún indio, el patrón le interrumpió diciendo:
—Es posible que a uno o dos tiros de fusil del campamento haya algunas casas de guaharibos.
—¿Tiene usted razones para creerlo?
—Tengo una, por lo menos, señor Helloch; pues yendo por la orilla del bosque, a doscientos pasos de la orilla he tropezado con las cenizas de un hogar.