El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Entre los partidarios de unos y otros estallaban discusiones que amenazaban tener mal fin, aunque Miguel procuraba calmar a los más exaltados.
Desde el spardek superior, el sargento Marcial y su sobrino presenciaban aquellas tumultuosas escenas, sin llegar a comprender la causa de ellas.
—¿Qué quieren esas gentes? —exclamó el viejo soldado—. Seguramente hay revolución.
Esto era inadmisible, pues en los Estados hispanoamericanos las revoluciones no se realizan jamás sin la intervención del elemento militar, y allà no se veÃa uno solo de los siete mil generales del estado mayor de Venezuela.
Juan y el sargento Marcial no debÃan tardar en conocer el motivo de aquel tumulto, pues, sin duda alguna, en el curso del viaje la discusión continuarÃa entre Miguel y sus dos colegas.
Entretanto, el capitán dio sus órdenes, primero al maquinista, luego a los marineros de proa y popa, para largar las amarras. Los que no iban a hacer el viaje descendieron al muelle, y, después de algún tumulto, no quedaron a bordo más que los pasajeros y los tripulantes.
