El soberbio Orinoco

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El sargento Marcial no tuvo por qué arrepentirse de aquella falta de disciplina, pues los felinos, grandes o pequeños, los jaguares, tigres, leones y ocelotes, frecuentan con preferencia los espesos bosques del alto río. Tal vez se corra el riesgo de encontrar allí osos, pero estos plantígrados tienen el genio amable, viven de pescado y de miel, y en cuanto a los perezosos, el Bradypus trydactylus, no deben preocupar.

En el curso de aquel paseo, el sargento Marcial no vio más que tímidos roedores, carpinchos y chiriquis, hábiles para sumergirse e inhábiles para la carrera.

Respecto a los habitantes del distrito eran generalmente mestizos, mezclados a algunos centenares de indios, más dispuestos a ocultarse en el fondo de sus cabañas de paja, que a mostrarse fuera, sobre todo las mujeres y tos niños. Más allá de aquellos lugares, remontando el río, tío y sobrino Se encontrarían en comunicación con los feroces indígenas del Orinoco, y entonces el sargento Marcial obraría cuerdamente no olvidándose de su carabina.

Tras una fatigosa excursión de tres horas largas por los alrededores de Las Bonitas, ambos volvieron, para almorzar, a bordo del Simón Bolívar.

A la misma hora, Miguel, Felipe y Varinas, reunidos en la casa residencial, se sentaban a la mesa del gobernador.


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