El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco El primer cuidado de Juan y su tío, así como de los tres geógrafos, fue buscar una embarcación para remontar el Orinoco, entre Caicara y San Fernando, en un trayecto de unos 450 kilómetros.
La primera parte de la tarea era asegurarse el mejor medio de transporte.
Se comprenderá, y ésta era la opinión de Miguel, que una busca en común entre el sargento Marcial y él tendría la ventaja de simplificar las cosas. Poco importaba que los viajeros fueran tres o cinco. Las embarcaciones podrían contener a todos, y la tripulación no tendría que ser mayor.
Pero el reclutamiento de estos barqueros no es cosa fácil. Es preciso buscar hombres diestros y atrevidos. La mayor parte del tiempo las piraguas tienen que navegar contra el viento durante la estación de las lluvias y siempre contra la corriente. Se encuentran numerosos raudales muy peligrosos, y también algunos pasos llenos de rocas o bancos de arena que obligan a largos acarreos. El Orinoco tiene sus caprichos, sus cóleras, como el océano, y no se le afronta sin riesgos y sin peligros.
La costumbre es buscar los barqueros entre las tribus ribereñas.