El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Vengo a preguntar a usted que, puesto que mis colegas y yo vamos al mismo lugar, si no serÃa más conveniente, más ventajoso, más seguro también, hacer el trayecto desde Caicara a San Fernando en la misma embarcación.
El que Miguel acababa de hacer, era el más aceptable de los ofrecimientos. No parecÃa que pudiera haber motivo para que se le rechazara. Escogiendo una piragua de dimensiones suficientes, los cinco viajeros realizarÃan, sin duda, su navegación en las condiciones más favorables. En la apariencia al menos, el sargento Marcial no debÃa, pues, tener excusa que oponer, y, sin embargo, sin consultar a su sobrino, como hombre que tiene ya tomado su partido, respondió secamente:
—¡Muy honrado, caballero, muy honrado! Es posible que la proposición de usted sea muy ventajosa…, pero no es conveniente… en lo que a nosotros se refiere, al menos.
—Y ¿en qué consiste su inconveniencia? —preguntó Miguel, bastante sorprendido de que su proposición fuera tildada de inconveniente.
—Consiste su inconveniencia… en que puede no convenimos.
—Sin duda tendrá usted razones para responder asÃ, señor sargento —respondió Miguel—. No obstante, puesto que mi deseo era que nos ayudásemos mutuamente, creo que merecÃa respuesta menos mortificante.