El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico LA JUGADORA NÚMERO CINCO
—¡Ah, querida Lissy, qué feliz, qué maravillosa tirada de dados! —exclamó la impetuosa Jovita Foley.
Acababa de entrar en la alcoba, sin pensar que la enferma podĂa descansar en aquel momento y que sus gritos turbaban su reposo.
Lissy Wag estaba despierta, muy pálida, y conversaba con la anciana mujer que se hallaba a su lado.
Tras la proclamaciĂłn del nĂşmero por el notario, Jovita Foley habĂa salido del Auditorium dejando a la multitud abandonarse a sus comentarios, y al comodoro Urrican furibundo de no haber podido aprovechar semejante jugada.
—¿Cuántos tantos hemos obtenido? —preguntó Lissy incorporándose en el lecho.
—Nueve, querida mĂa; nueve, por seis y tres…, lo que de un salto nos lleva a la casilla 26.
—¿Y esa casilla…?
—Corresponde al Estado de Wisconsin… Milwaukee… A dos horas solamente con el rápido…
Lo cierto era que para comienzo de la partida no se podĂa esperar cosa mejor.
