El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico CONTINUACIÓN DE LAS AVENTURAS DEL COMODORO URRICAN
El tiempo era inseguro. El viento soplaba del Este.
El mar, resguardado por la península de Florida, no se resentía aún del movimiento del Atlántico, y el Chicola caminaba bien.
Ni el comodoro ni Turk temían al mareo, que tan gran efecto había causado en Tom Crabbe. Respecto a las maniobras de la goleta, ellos estaban dispuestos a auxiliar al patrón Huelcar y a los tres hombres de éste cuando fuera menester.
El Chicola procuraba conservar el abrigo de la tierra. Sin duda la travesía se prolongaría; pero las tempestades del Golfo son terribles, y un débil barco no puede aventurarse lejos de los puertos, de las bahías, de las ensenadas, de las embocaduras de los ríos, ni de las caletas, tan abundantes en el litoral de Florida y accesibles a las embarcaciones de pequeño tonelaje. Además, el Chicola hallaría siempre un agujero donde refugiarse durante algunas horas. Cierto que esto sería tiempo perdido, y Hodge Urrican no tenía mucho tiempo que perder.
