El Testamento de un excéntrico

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CAPÍTULO IV

EL PABELLÓN VERDE

El pabellón verde era el de Harris T. Kymbale; el pabellón que se colocaba en los mapas para indicar su llegada a tal o cual Estado, y que había sido atribuido al jugador número 4, atendiendo al lugar que este color ocupa en el espectro solar. El redactor jefe del Tribune se mostraba muy satisfecho de este color. ¿No era el de la esperanza?

Además, no hubiera sido justo quejarse de la suerte, que le favorecía como turista y como jugador. Después de haber sido enviado por la primera jugada, de doce tantos, a Nuevo México, el punto diez, por cuatro y seis, le reservaba la casilla 22, Carolina del Sur, en los límites del territorio federal, y, concretamente, a Charleston, su capital. No ignoraba que los postores se le disputaban en las agencias, que era solicitado en todos los mercados del mundo, con posturas de uno contra nueve, a lo que ninguno de los otros jugadores había llegado, y en todas partes era proclamado favorito.

Felizmente, al abandonar Santa Fe, el periodista no había oído al realista conductor de coches, Isidoro, formular la declaración de que él no arriesgaría ni veinticinco centavos por sus probabilidades de triunfo, y confiaba en su estrella.


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