El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico DOSCIENTOS DÓLARES POR DÍA
ÂżUn talismán a los esposos Titbury? Ciertamente tenĂan necesidad de Ă©l, y serĂa bien recibido, aunque fuese el cabo de la cuerda que sirviera para ahorcar a aquel bribĂłn de Bill Arrol.
Pero, como habĂa declarado el magistrado de Great Salt Lake City, era preciso prenderle primero para ahorcarle despuĂ©s, cosa que no parecĂa fácil.
El talismán que asegurase la partida a Titbury no hubiera sido muy caro al precio de los tres mil dĂłlares que le robaron en el «Cheap Hotel». Pero, entretanto, el pabellĂłn azul no poseĂa un centenar de ellos, y, furioso y descorazonado por las irĂłnicas respuestas del sheriff, abandonĂł el puesto de policĂa para reunirse con su esposa.
—Y bien, Hermann —le preguntó ésta—. ¿Qué hay de ese canalla, de ese miserable Inglis?
—No se llama Inglis —respondió Mr. Titbury dejándose caer en una silla—. Se llama Bill Arrol.
—¿Está preso?
—Lo estará.
—¿Cuándo?
—Cuando se le pueda coger.
—¿Y nuestro dinero? ¿Nuestros tres mil dólares?
—No doy por ellos ni diez centavos.
