El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico LAS PEREGRINACIONES DE HARRIS T. KYMBALE
Si los esposos Titbury y el comodoro Urrican se quejaban con razón de su mala suerte, también el redactor jefe del Tribune tenía perfecto derecho a quejarse. Una jugada le había obligado a ir al Niágara, en el Estado de Nueva York, y a pagar una prima; después, de allí se había trasladado a Santa Fe, capital de Nuevo México. Y ahora la nueva jugada le ponía en camino de Nebraska y Washington, Estado este último situado en el extremo oeste del territorio de la Confederación.
Efectivamente, en Charleston, en el Estado de Carolina del Sur, donde acababa de ser tan calurosamente acogido, Harris T. Kymbale recibió el día 4 de junio el telegrama que le concernía. Diez tantos, obtenidos por seis y cuatro, doble, le enviaban de la casilla 22 a la 42.
Correspondía esta última a Nebraska, elegida por el difunto para situar el laberinto del noble juego de la oca. Esto no dejaba de ser grave, pues el jugador, después de ir al sitio indicado y pagar una doble prima, debía retroceder a la casilla 30, ocupada por el Estado de Washington. Cierto es que el itinerario desde Carolina del Sur a Washington pasaba por Nebraska.
