El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico LA CAMPANA DE OAKSWOODS
Un trueno que se extendiera por todo el globo no produciría más efecto que aquel golpe de dados salido del cubilete del notario Tombrock, al dar las ocho, el día 24 de junio, en la sala del Auditorium. Los millares de espectadores que asistieron a esta jugada (con el pensamiento de que podría ser la última del «match». Hypperbone) la proclamaron por todos los barrios de Chicago, y miles de telegramas extendieron la noticia por el Viejo y Nuevo Mundo.
Resultaba, pues, que el hombre misterioso, el personaje agregado a última hora, el intruso del codicilo, en una palabra, o, mejor dicho, en tres letras, aquel X. K. Z., ganaba la partida y con ella los sesenta millones de dólares.
