El tio Robinson
El tio Robinson —¡El fuego! ¡El fuego apagado! —murmuró la pobre mujer.
—¡SÃ! —respondió Flip—. ¡Una tromba… durante la noche…! La señora Clifton habÃa juntado sus manos y miraba a Flip.
—¿Y usted no pudo impedirlo…?
—No, señora —respondió evasivamente el noble Flip.
—¡Una torpeza de mi parte… una falta de vigilancia… un instante de descuido!
Marc habÃa salido de la gruta. Vio a su madre y escuchó la respuesta de Flip. Advirtió que el marino querÃa atribuirse la desgracia. Se precipitó hacia la señora Clifton y prorrumpió:
—¡No fue él, madre, fui yo, fui yo!
La desafortunada abrió sus brazos al hijo y lo cubrió de besos, pero Marc estaba desesperado.
—¡No llores, hijo mÃo, no llores! —rogaba la madre— ¡me rompes el corazón!
Robert, Jack y Belle habÃan venido junto a su madre. Roben, muy emocionado, no le ahorraba las caricias y las buenas palabras a su hermano. Jack y Belle lo rodeaban con sus brazos. Ese cuadro conmovedor era para llorar.