El tio Robinson

El tio Robinson

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¡Sí! ¡Ése era el designio de este miserable! ¡Iba a abandonar en pleno océano, en una frágil embarcación, a esta mujer y a sus cuatro hijos, sabiendo perfectamente que sin un marino que los dirigiera estarían perdidos; en cuanto a sus cómplices, tan infames como él, permanecieron sordos a las súplicas de esta madre y a los llantos de esos niños!

—¡Harry! ¡Harry! —repetía la desdichada mujer.

—¡Papá! ¡Papá! —gritaban los pobres hijos.

El mayor, Marc, apoderándose de una cabilla se lanzó hacia Bob Gordon, pero éste lo apartó con la mano y pronto la desafortunada familia fue depositada en el bote. Sus gritos eran desgarradores. Harry Clifton debía escucharlos desde el camarote donde lo habían encadenado. Su perro Fido respondía a esos gritos ladrando furioso.

En ese momento, por orden de Bob Gordon, la amarra que retenía el bote al Vankouver fue soltada; luego, con las vergas braceadas[8], el navío comenzó a alejarse.

El valiente Marc, como un verdadero marino, con la mano firme, de pie frente al timón, trataba de mantener la embarcación, pero no se había podido izar la vela, y el bote, con la quilla al aire, amenazaba con zozobrar a cada instante.


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