El tio Robinson
El tio Robinson La señora Clifton, orgullosa de su hijo, lo abrazó tiernamente, y tomó la mano de Marc, tal vez un poco celoso por los éxitos de su hermano. Con ese gesto la señora Clifton agradecÃa a su hijo mayor haberla protegido durante la ausencia de Flip.
Después, el marino retomó en detalle el relato de Robert e insistió sobre algunos puntos importantes, principalmente sobre el descubrimiento del lago de agua dulce.
—Si pudiéramos instalarnos allÃ, señora Clifton, entre el lago y el mar, estarÃamos en un verdadero Edén. El mar estarÃa siempre ante nuestros ojos, ya que no debemos estar lejos de él. El lago proveerÃa a todas nuestras necesidades, porque imagino que deben frecuentarlo bandadas de aves acuáticas. Además, los árboles son muy hermosos en el lÃmite de la costa y he visto cocoteros, cuyo valor es inapreciable desde varios puntos de vista.
—¿Pero cómo se podrÃa instalar un campamento en ese lugar? —preguntó la señora Clifton.
—Lo peor —respondió Flip— serÃa seguir refugiados bajo este bote convertido en techo. Esto no es una vivienda… ¡No es digna de unos náufragos que se precien! No es posible que no encontremos una gruta, una excavación, un agujero, un simple agujero…
—¡Que podrÃamos agrandar! —dijo el pequeño Jack.