El Volcán de oro
El Volcán de oro Por otra parte, el Explorador no había ocultado a sor Marta y a sor Madeleine la impaciencia con que se las esperaba en Dawson City. La superiora no daba abasto con las exigencias del servicio y varias religiosas se habían contagiado cuidando a los enfermos que diversas epidemias llevaban al hospital.
En efecto, las fiebres tifoideas, en especial, asolaban entonces la capital de Klondike. Las víctimas se contaban por centenas. Aquellos desdichados emigrantes, después de haber dejado a tantos compañeros en las rutas de Scagway a Dawson City, eran presa de las epidemias que allí reinaban permanentemente.
«¡Qué país tan encantador, decididamente! —decía para sus adentros Summy Skim—. ¡Y eso que vamos de paso! Pero estas dos santas mujeres, que van a hacer frente sin dudarlo a tantos peligros, y que quizá no vuelvan…».