El Volcán de oro
El Volcán de oro —Me ocuparé de este asunto, monsieur Skim —añadió—, y me procuraré las informaciones más seguras. A fin de cuentas, ¿quién sabe? ¡Una parcela es una parcela! Lo único que sabemos es que hasta ahora no ha producido nada, o casi nada, pero basta un golpe de pico afortunado para llenar de golpe el bolsillo, como dicen los buscadores.
—De acuerdo, monsieur Snubbin —respondió Summy Skim—. Si la parcela de nuestro tÃo tiene algún valor, nos apresuraremos a venderla en las mejores condiciones.
—Sin duda —replicó el notario—. Pero ¿está usted de acuerdo en eso con su primo?
—Cuento con ello —respondió Summy Skim—. No creo que a Ben Raddle le pueda venir nunca a la mente explotarla.
—¿Quién sabe, monsieur Skim? Monsieur Ben Raddle es ingeniero. Quizá le tiente si, por ejemplo, se enterara de que la parcela de su tÃo se halla situada sobre el buen filón.