El Volcán de oro
El Volcán de oro No quedaba más remedio que esperar el curso de los acontecimientos. La espera no serÃa larga. En cuarenta y ocho horas a lo más, a partir quizá de aquel mismo dÃa, Hunter se dirigirÃa hacia el Golden Mount. En cuanto a abandonar el campamento junto al Mackensie y a regresar por el camino hacia Klondike, retirándose ante los tejanos, no se lo plantearon. El Explorador ni siquiera se lo habÃa propuesto a sus compañeros: le hubieran respondido con una negativa. En su calidad de primeros ocupantes, se consideraban como los legÃtimos propietarios de aquel yacimiento volcánico. Además, no se lo dejarÃan arrebatar sin haber luchado. El propio Summy Skim, el sensato Summy Skim no consentirÃa en retroceder ante aquel Hunter de quien no habÃa olvidado la actuación grosera cuando ambos se habÃan encontrado, primero al desembarcar del paquebote en Vancouver, y después en el lÃmite de las parcelas 129 y 127 de Forty Miles Creek. Era un asunto que habÃa que liquidar, y ya que se presentaba la ocasión, lo liquidarÃa en persona.
¿Y qué sucederÃa cuando los tejanos estuvieran al pie de la montaña? Veamos lo que pensaba Bill Stell y lo que dijo a Ben Raddle cuando al dÃa siguiente reanudaron la conversación de la vÃspera: