El Volcán de oro
El Volcán de oro Las blancas llanuras se extendÃan hasta perderse de vista, y en algunas semanas se volverÃan verdes, como los numerosos rÃos que ahora se veÃan atrapados por los hielos. Grandes bandadas de pájaros adelantaban el tren, en dirección oeste, pasando con grandes movimientos de alas. A cada lado de la vÃa, sobre la capa de nieve, se podÃan ver huellas de animales, fieros o no, dibujándose hasta los bosques del horizonte. ¡Unas pistas fáciles de seguir que le hubieran conducido hasta unas buenas piezas! Eso puede dar una idea de la impaciencia y del arrepentimiento de Summy Skim, prisionero en aquel vagón, sin poder satisfacer sus instintos cinegéticos.
¡Pero no era momento de pensar en ir de caza, por supuesto! ¡Los únicos cazadores que habÃa en aquel tren en dirección a Vancouver eran los cazadores de pepitas, y los perros que les acompañaban no estaban destinados a levantar perdices o liebres ni a perseguir corzos y osos! ¡No! Sus dueños, que los habÃan comprado en Montreal, únicamente tenÃan la intención de utilizarlos para el arrastre de trineos, cuando tuvieran que cruzar la superficie solidificada de los lagos y de los cursos de agua en toda aquella parte de la Columbia Británica comprendida entre Scagway y el distrito de Klondike.