El Volcán de oro
El Volcán de oro —¿Apruebas mi proyecto, Summy?
—Completamente, y puesto que nuestro destino es ir a Klondike, confÃo en ti para que lleguemos en las mejores condiciones.
Por lo demás, los dos primos no se vieron demasiado atareados durante su estancia en Vancouver. No tenÃan que completar el equipo. Tampoco se trataba de adquirir el material necesario para la explotación de la parcela, porque el del tÃo Josias estaba a su disposición. Durante la travesÃa a bordo del Foot-ball, encontrarÃan la misma comodidad que habÃan gozado en el tren de la Canadian Pacific. Ben Raddle tendrÃa que ocuparse más especialmente de los medios de transporte hasta Dawson City una vez llegados a Scagway, y procurarse una embarcación desmontable para navegar por los lagos, y conseguir un equipo de perros para arrastrar los trineos sobre las llanuras heladas. Por otra parte, ya verÃa si era conveniente tratar con algún jefe de porteadores que se encargara de conducirles a Dawson City, y que transportaran los vÃveres necesarios para un viaje de varias semanas en caso de que no fuera fácil procurárselos en camino. Evidentemente, aquello resultarÃa bastante costoso, pero bastarÃa con una o dos buenas pepitas para sufragar los gastos.
HabÃa también que ponerse en regla con la aduana canadiense, que era bastante exigente, por no decir fisgona.