El Volcán de oro

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En lo que respecta a los pasajeros del Foot-ball, éstos eran de todas las nacionalidades: ingleses, canadienses, franceses, noruegos, suecos, alemanes, australianos, americanos del sur y del norte, unos con familia y otros sin ella. Aunque por los camarotes de primera y de segunda era posible la separación en dos clases, la promiscuidad en cubierta, como puede comprenderse, era total. En lo referente a los camarotes ya se había duplicado el número de habitáculos, cuatro en vez de dos. Y en cuanto al puente, éste presentaba el aspecto de un largo dormitorio con una serie de paneles instalados entre las bordas junto a los cuales se tendían las hamacas. En cubierta, la circulación era sumamente difícil, y las pobres gentes estaban apelotonadas en gran número entre las poleas y cangilones; porque el precio de un camarote era de treinta y cinco dólares. Es cierto que, a condición de poderse abrigar contra las frías ráfagas, los pasajeros podían salir del apuro, porque al resguardo de las islas no es de temer que haya mar gruesa entre Vancouver y Scagway.







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