El Volcán de oro
El Volcán de oro Hasta el cuarto día, el Foot-ball no entró al abrigo de la isla de la Princesse-Charlotte[9]. A partir de entonces la navegación se efectuó en condiciones menos duras en unas aguas que ya no agitaban las olas procedentes de alta mar. Del lado del escarpado litoral se sucedían unos fiordos comparables a los de Noruega, que debían evocar innumerables recuerdos de su país al compañero de camarote de Summy Skim y Ben Raddle. En torno a esos fiordos se levantaban elevados acantilados, la mayoría de ellos boscosos, entre los cuales aparecían, si no pueblos, al menos aldeas de pescadores, y lo más frecuente alguna casita aislada, cuyos habitantes, de origen indio, vivían de la caza y de la pesca. Al paso del Foot-ball acudían a vender sus productos que encontraban fácilmente comprador.
Si detrás de los acantilados, a una distancia bastante considerable, las montañas recortaban sus crestas nevadas entre la niebla, por el lado de la isla de la Princesse-Charlotte, la mirada abarcaba amplias llanuras o espesos bosques blancos de escarcha. Aquí y allá se divisaban algunos grupos de cabañas en los bordes estrechos de las caletas, donde las barcas de pesca esperaban un viento favorable.