Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Vamos, señor Jeorling, un poco de paciencia-respondió el filósofo.-No se debe apresurar ni desear la hora de una separación. Además, no olvide usted que los dÃas hermosos no tardarán en volver. Dentro de cinco o seis semanas...
-Pero entretanto-exclamé,-los montes y las llanuras, las rocas y las playas, están cubiertas de una espesa sábana de nieve, y el sol no tiene la fuerza necesaria para disolver las brumas del horizonte.
-No, señor Jeorling.-Se ve ya apuntar el césped salvaje bajo la blanca cubierta. MÃrela usted bien.
-Entre nosotros, Atkins, ¿pretenderá usted que los hielos no se amontonarán en vuestras bahÃas durante el mes de Agosto, que es el Febrero de nuestro hemisferio Norte?
-Convengo en ello, señor Jeorling. Pero... se lo repito a usted: ¡paciencia! Este año el invierno ha sido dulce. Los barcos aparecerán pronto en el Este o en el Oeste, pues la época de la pesca se aproxima.
-El cielo le oiga a usted, Atkins, y guÃe a buen puerto al navÃo, que no tardará..., la goleta Halbrane.
-Capitán Len Guy-añadió el posadero.-Un valiente marino, aunque inglés (en todas partes hay buena gente), y que se avitualla en el Cormorán Verde.
-¿Cree usted que la Halbrane...?