Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡He aquà la razón por la que el capitán Len Guy rehusaba aceptar pasajeros a bordo, porque me habÃa dicho que sus itinerarios no eran fijos, en la esperanza siempre de que se le ofreciera ocasión para aventurarse hacia el mar de hielo!
Y hasta tengo motivos para creer que, de estar entonces la Halbrane dispuesta para emprender tal campaña, el capitán Len Guy hubiera dado la orden de poner el cabo al Sur. Y después de lo que yo habÃa dicho al embarcarme, ¿hubiera yo podido obligarla a continuar su camino para desembarcarme en Tristán de Acunha?
Por lo demás, era preciso proveerse de agua en la isla, a la que llegarÃamos a los tres dÃas. Allà tal vez podrÃa ponerse a la goleta en condiciones de luchar con los témpanos y llegar a la mar libre, pues libre era más allá del paralelo 82: y de ir más lejos que Cook, Weddell, Biscoe, Kemp, para intentar lo que intentaba entonces el teniente Wilkes, de la marina americana. Pues bien: una vez desembarcado en Tristán de Acunha, yo esperarÃa el paso de otro navÃo. Por lo demás, aunque la Halbrane hubiera estado dispuesta para tal expedición, la estación no la hubiera permitido franquear el cÃrculo polar. La primera semana de Septiembre no habÃa terminado aun, y debÃan transcurrir por lo menos dos meses antes que el verano austral hubiera disuelto los hielos.