Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Por lo demás, y volviendo a la Halbrane, o más bien a las ocasiones que se me ofrecerÃan de embarcarme en Christmas-Harbour, no habÃa que temer ningún percance. En esta época, las Kerguelen eran anualmente visitadas por numerosos navÃos, quinientos por lo menos. La pesca de los cetáceos daba fructuosos resultados, como puede juzgarse por el siguiente hecho: un elefante de mar, uno solo, da una tonelada de aceite, es decir, un rendimiento igual al de mil pingüinos. Verdad es que en estos últimos años no hacen escala en este archipiélago arriba de una docena de barcos, pues la abusiva destrucción de los cetáceos ha reducido la cifra. No habÃa, pues, que tener inquietud alguna respecto a la facilidad de abandonar a Christmas-Harbour, ni aun en el caso de que la Halbrane faltase a su cita y el capitán Len Guy no viniese a dar un apretón de manos a su compadre Atkins.