Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Todos los dÃas me paseaba por los alrededores del puerto. El sol comenzaba a adquirir fuerza. Las rocas volcánicas despojábanse poco a poco de su blanco tocado de invierno. Sobre la arena aparecÃa un musgo de color de vino, y al largo serpeaban las cintas de esas algas de cincuenta a sesenta yardas. Hacia el fondo de la bahÃa, algunas gramÃneas alzaban su punta tÃmida, entra otras la lyella, que es de origen andino, a más de las que produce la tierra fuegiense, y también el único arbusto de este suelo, del que ya he hablado, esa col gigantesca tan preciosa por sus virtudes contra el escorbuto.