Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En lo que concierne a los mamíferos terrestres-pues los mamíferos marinos abundan en estos parajes,-yo no había encontrado uno solo, ni batracios, ni reptiles, únicamente algunos insectos, mariposas y otros, y sin alas, por la razón de que, antes que pudieran utilizarlas, las corrientes atmosféricas las llevaban a la superficie de las agitadas olas de estos mares. Una o dos veces me había embarcado a bordo de una de esas sólidas chalupas con las que los pescadores afrontan los ramalazos de viento que baten como catapultas las rocas de las Kerguelen. Con tales barcos podría intentarse la travesía de Cape-Town, y llegar al puerto si el tiempo no era malo. Pero téngase la seguridad de que no era mi intención abandonar Cristmas-Harbour en tales condiciones. No. ¡Yo esperaba a la goleta Halbrane, y la goleta Halbrane no podía tardar!
En el curso de estos paseos de un bahía a otra, había yo observado con gran curiosidad los diversos aspectos de la accidentada costa, esqueleto prodigioso, de formación ígnea, que agujereaba el blanco sudario del invierno y dejaba pasar por él sus azulados miembros.