Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Terminados los trabajos en el casco, el lugarteniente se ocupó de la arboladura y del aparejo con la ayuda del maestro velero MartÃn Holt, muy inteligente en está labor.
-Señor Jeorling-me dijo aquel dÃa, 21 de Octubre, el capitán Len Guy.-Nada se descuidará para asegurar el buen éxito de nuestra campaña. Todo lo que habÃa que prever está previsto. ¡Y si la Halbrane perece en alguna catástrofe, será porque los seres humanos no pueden oponerse a los designios de Dios!
-Le repito a usted que tengo esperanzas, capitán-le he respondido.-La goleta y la tripulación merecen toda confianza.
-Tiene usted razón, señor Jeorling, y estaremos en buenas condiciones para penetrar al través de los hielos... Ignoro lo que el vapor alcanzará algún dÃa, pero dudo que barcos con ruedas frágiles valgan lo que un velero para la navegación austral. Además, siempre será preciso rehacer la provisión de carbón. No; es preferible ir a bordo de un navÃo que gobierne bien y servirse del viento, que, después de todo, es utilizable en las tres quintas partes de la brújula, y confiarse al velamen de una goleta.