Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¿Cómo te llamas?
-Hunt.
-¿Y eres?...
-Americano.
Este Hunt era hombre de baja estatura, rostro curtido, de color de ladrillo, amarillenta piel como la de un indiano, torso enorme, voluminoso, cabeza y piernas muy arqueadas. Sus miembros atestiguaban un vigor excepcional. Sobre todo los brazos, terminados en enormes manos. Su cabello, que emblanquecía, semejaba piel y estaba enmarañado. Lo que daba a la fisonomía de este individuo un carácter particular, que nada prevenía en su favor, era lo avieso de su mirada, su boca, casi sin labios, de oreja a oreja, en la que brillaban fuertes dientes de esmalte intacto, jamás atacados del escorbuto, con ser esta enfermedad frecuente entre los marineros de las altas latitudes.