Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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-No debemos seguir las huellas de Biscoe sino las de Weddell, que efectuó su viaje a la zona austral en 1832 con el Beaufoy y la Jane ¡La Jane! ¡Nombre predestinado, señor Jeorling! Pero esta Jane fue más afortunada que la de mi hermano, y no se perdió.

-Adelante, capitán-respondí.-Si no seguimos a Biscoe, sigamos a Weddell. Simple pescador de focas, este hábil marino llegó en dirección al polo más allá de donde sus predecesores llegaron, y él nos indica la dirección que debemos tomar.

-Y nosotros la tomaremos, señor Jeorling. Pero si nos retrasáramos, si la Halbrane llegase al banco de hielo a mediados de Diciembre, ya sería tarde. Weddell tocó el paralelo 72 en los primeros días de Febrero, y entonces, como hace constar en su relación, ni una parcela de hielo era visible. Ningún navío ha ido más allá salvo la Jane, que no ha vuelto.-Existe, pues, en esta parte de las tierras antárticas, una profunda incisura entre los meridianos 30 y 40, puesto que, después de Weddell, William Guy ha podido acercarse a menos de seis grados del polo austral.

Según su costumbre, Jem West escuchaba en silencio. Medía con la mirada los espacios que el capitán Len Guy encerraba entre las puntas de su compás. Siendo siempre el hombre que recibe una orden y la ejecuta sin discutirla jamás, iría donde el capitán quisiera ir.


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